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”Puedes tener capacidad de pagar el alquiler y aún así quedarte sin piso”: la competición invisible que convierte a muchos candidatos en ‘no inquilinos’

La escasez de oferta y los estrictos filtros de selección impiden alquilar a personas con solvencia económica demostrable, obligándolas a desplazarse o a aceptar contratos con exigencias inalcanzables

Varias personas pasan junto a los anuncios de viviendas en venta en una inmobiliaria. / Tomàs Moyà - Europa Press - Archivo

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Pep Canals

Madrid

Cada vez más personas pueden asumir una renta y, aun así, no consiguen alquilar. Ahí aparece la figura del ‘no inquilino’: personas con capacidad para alquilar que, simplemente, no consiguen acceder a una vivienda. Esto tiene una explicación. En un mercado con poca oferta y mucha demanda, acceder a una vivienda se ha convertido en una competición “invisible”: decenas de candidatos optan al mismo piso y el proceso de selección se convierte en una barrera adicional de acceso.

Jorge, de 35 años, es uno de estos casos. Durante 15 años pudo vivir en Barcelona. Allí tenía su vida y a sus amigos. Pero cuando se terminó el contrato de alquiler y su compañero de piso decidió marcharse y él empezó a buscar una alternativa. Escribió a anuncios de toda Catalunya. En Barcelona, explica, muchas veces ni siquiera le respondían. “Fuera, al menos, alguien cogía el teléfono”.

Finalmente se fue de Barcelona con lo puesto. Vendió los muebles porque en la nueva vivienda que consiguió no tenía espacio y porque tampoco sabía cuánto tiempo iba a quedarse allí. Terminó trasladándose a un pueblo donde no conocía a nadie. “No era el plan, era lo único que salía”, asegura.

“Lo peor no es el precio, es que ya ni te planteas quedarte. Yo asumí que me tenía que ir antes incluso de empezar a buscar”, explica Jorge sobre Barcelona. Y añade una frase que resume el desarraigo que puede provocar la actual situación: “Barcelona era mi casa”.

¿Quiénes son los no inquilinos?

Poder asumir una renta no siempre significa conseguir alquilar una vivienda. La falta de oferta hace que varias personas solventes compitan por un mismo piso y que, además del precio, entren en juego otros filtros en la selección. Es en ese espacio entre poder pagar y conseguir que te alquilen una vivienda donde aparece la figura del ‘no inquilino’. El caso de Jorge ilustra precisamente esa realidad.

Los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) muestran la dimensión del problema. El 7,6% de la población de 16 años o más buscó vivienda durante 2025 sin llegar a cambiar de residencia. Entre quienes no lo consiguieron, un 6,6% señaló que no reunía las condiciones exigidas para acceder a la compra o al alquiler, como las nóminas, los contratos laborales u otras garantías. El precio sigue siendo, en cualquier caso, una barrera importante: casi siete de cada diez de esas personas señalaron el coste excesivo como principal motivo.

Entre los jóvenes, la situación es todavía más evidente. El 44,3% de las personas de entre 26 y 34 años todavía vivía con sus padres en 2025 y casi la mitad de quienes permanecían en el hogar familiar señalaba que no podía permitirse comprar o alquilar una vivienda.

Las estadísticas reflejan con claridad estas barreras, pero capturan peor esta otra realidad: la de los ‘no inquilinos’, personas que sí pueden asumir una renta y que, aun así, quedan fuera una y otra vez frente a otros candidatos.

Otro caso es el de Mario Jesús y Magalí, una pareja de entre 30 y 35 años que llegó a España con permiso de trabajo y ahorros suficientes para pagar más de un año de alquiler. Podían asumir la renta, pero no aportar el historial laboral y las garantías que suelen valorarse en el proceso de selección. “Podemos demostrar que tenemos el dinero, pero nos piden nóminas, avales o garantías que alguien que acaba de llegar al país no puede tener”, explican. “Lo frustrante es que no es una cuestión de poder pagar el alquiler, sino de no cumplir con el perfil que se exige para acceder a él”.

Viviendas en alquiler en Madrid. / Eduardo Parra - Europa Press

Cuando acceder a un alquiler exige superar un filtro

La explicación, según los expertos, está en un desequilibrio que lleva años agravándose: hay más demanda de vivienda y menos oferta disponible. Llàtzer Puigpelat, CRO de Vivara, apuntaba precisamente a este problema en una entrevista publicada por El Periódico: “Tenemos menos viviendas disponibles para más demandantes”. Según los datos que manejaba la compañía, la oferta se había reducido un 33% entre 2019 y 2024 y otro 5% durante 2025, mientras que cada vivienda que sale al mercado puede recibir más de un centenar de solicitudes.

La tensión tampoco desaparece necesariamente cuando se limita la renta. La regulación puede contener los precios, pero, si la oferta sigue siendo insuficiente, una misma vivienda puede continuar concentrando una demanda muy elevada. Cambia el precio al que se compite, pero no desaparece la dificultad de acceso.

Con varios candidatos solventes para una misma vivienda, el proceso de selección adquiere cada vez más peso. La estabilidad laboral, el nivel de ingresos, los ahorros, las garantías o la composición del hogar pueden convertirse en factores decisivos. El filtro deja así de separar simplemente a quien puede pagar de quien no puede: empieza a ordenar a personas que, en muchos casos, tienen capacidad suficiente para asumir la renta.

Un autónomo con buenos ingresos, una persona recién llegada al país, alguien que acaba de cambiar de empleo o una familia con una estructura de ingresos menos convencional pueden tener capacidad para asumir la renta y, aun así, encontrar más dificultades para acreditarla con los requisitos que tradicionalmente se solicitan.

Un caso que refleja esta tensión entre oferta y demanda es el de Pelayo y Blanca, una pareja con dos hijos, de nueve y cinco años, que vive de alquiler desde hace años y cuyos dos miembros trabajan por cuenta ajena. Aseguran tener ingresos estables y haber pagado siempre la renta sin problemas. Cuando termine su contrato, sin embargo, no tienen garantizado poder permanecer en el mismo barrio.

Su intención es seguir allí porque sus hijos tienen el colegio, los amigos y toda su vida en la zona. Pero la escasez de oferta y el aumento de los precios han puesto en duda esa continuidad. “Somos una familia que debería poder alquilar sin problema, pero la realidad es que podemos acabar teniendo que cambiar toda nuestra vida porque no encontramos vivienda”, explican.

Un problema también para el propietario

El fenómeno de los ‘no inquilinos’ no puede entenderse sin mirar al otro lado del contrato. España tiene un parque de alquiler muy atomizado y una gran parte de las viviendas está en manos de pequeños propietarios. Desde Vivara señalan que el 90% de las viviendas en alquiler pertenecen a propietarios particulares, sin una estructura jurídica detrás.

Para muchos de ellos, alquilar implica asumir riesgos y gestionar contratos, incidencias, impagos o cuestiones legales sin contar con una estructura profesional. Esa percepción del riesgo puede traducirse en mayores exigencias a la hora de seleccionar al inquilino. Y, en un mercado con mucha demanda, el propietario tiene capacidad para escoger entre numerosos candidatos.

Puigpelat explicaba a El Periódico de España que “cuando un propietario decide no alquilar, no está tomando una decisión política. Está planificando una decisión económica muy racional”. La compañía considera que aumentar la confianza de los propietarios puede contribuir a recuperar la oferta. “Nosotros buscamos generar confianza para que haya más pisos en alquiler”, señalaba su CRO.

Archivo - Anuncios de viviendas en venta en una inmobiliaria / Tomàs Moyà - Europa Press - Archivo

Herramienta gratuita para revisar contratos de alquiler

Hay otra barrera menos visible: la información. Cuando finalmente aparece una vivienda, el candidato suele tener que tomar una decisión rápida. Y no siempre dispone de los conocimientos necesarios para saber si todas las condiciones del contrato se ajustan a la normativa.

En este contexto, Vivara acaba de lanzar un revisor gratuito de contratos de alquiler que permite detectar posibles errores, cláusulas ausentes, riesgos o cuestiones relacionadas con la fianza y la actualización de la renta. La herramienta analiza el contrato a través de 24 preguntas y genera un informe con recomendaciones.

La compañía asegura además que el sistema incorpora las particularidades normativas de cada comunidad autónoma y que el análisis se realiza directamente en el navegador, sin captar ni enviar los datos personales de las partes a un servidor. “Una inteligencia artificial generalista es un buen punto de partida, pero no es el instrumento adecuado para validar un contrato de alquiler”, sostiene Puigpelat.

La paradoja del mercado del alquiler actual es que una mayor capacidad económica no siempre resuelve el problema de acceso. Mientras la oferta siga siendo insuficiente frente a la demanda, habrá personas solventes que continuarán quedándose fuera. Aumentar la oferta y generar confianza entre propietarios e inquilinos se convierte así en una parte fundamental para reducir esa brecha.

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Es precisamente en este ámbito donde Vivara sitúa su apuesta por la profesionalización del alquiler: acompañar a propietarios e inquilinos, reducir incertidumbres y facilitar una relación más segura entre ambas partes.

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